Chachapoyas, la civilización perdida en la selva alta de Perú




 

Chachapoyas es una de las regiones más increíbles de Perú y por la que pocos viajeros pasan al recorrer este hermoso país. Hoy te contamos todos los motivos por lo que creemos que Chachapoyas es uno de los imprescindibles en Perú.

 

En Chachapoyas, entrábamos en una etapa hasta entonces casi desconocida desde el inicio del viaje; la curiosidad que poco a poco se convierte en necesidad para saber más sobre las antiguas culturas andinas.

 

Chachapoyas

Cómo llegar a Chachapoyas

 

Se puede llegar a Chachapoyas desde diferentes puntos. La ciudad se encuentra al norte de Perú, ya dentro de la selva alta.

Nosotros fuímos ddsde Tarapoto, con una combi (furgoneta) y tardamos 6 horas. Para agarrar una combi en Tarapoto basta con acercarse a la calle Alfonso Ugarte. Hay varias empresas de transporte que ofrecen el trayecto. Nosotros lo hicimos con Turismo Selva.

 

También se puede llegar desde Trujillo o Chiclayo, en la costa, o desde Cajamarca y Jaén en Ómnibus.

 

Por si aún no lo viste, ¡no te pierdas esta Guía para conseguir los vuelos más baratos en tu viaje al Perú!

 

 

Dónde dormir en Chachapoyas 

 

Nosotros nos quedamos en el hostal Chachapoyas Backpackers.

 

Chachapoyas

 

Tiene buen wifi, cocina y es perfecto para, como nosotros, los viajeros con poco presupuesto.

 

Hay varias opciones para hospedarse en Chachapoyas, aquí encontraras los que mejor se adaptan a ti.

 

Donde comer en Chachapoyas

 

Hay varias opciones para comer en Chachapoyas. Podemos encontrar comida típica peruana en los restaurantes locales de la ciudad o degustar algo más elaborado en algun restaurante turístico.

 

Generalmente todo se concentra en las calles que rodean la plaza de Armas. Por lo que la mejor comida también la encontrarás acá. Para nosotros, lo mejor fue comer en los sitios locales y comprar comida en el mercado, justo al lado de la plaza, para poder cocinar en el hostal.

 

Si sales de excursión y quieres llevarte comida, en el mercado preparan tamales y todo tipo de comida típica muy buena y barata.

 

¡Sigue leyendo y descubre más abajo, la bebida que cambió nuestros días en Chachapoyas!

 

Qué ver y hacer en Chachapoyas

 

Podíamos apreciar durante el pequeño trayecto que nos separaba de la terminal de bus hasta el centro, a pesar del contraste por la humedad exterior que empañaba los cristales, como Chachapoyas era una ciudad pequeña y curiosa, diferente al lo que Perú nos había mostrado hasta entonces. Las casas del centro dibujan un escenario colonial de blanco y las calles adoquinadas denotan la antigüedad del asentamiento.

 

Chachapoyas

 

Desde cualquiera de los hostales que alojan mayoritariamente viajeros mochileros, se ofrecen tours guiados a los principales atractivos de la zona. La pequeña ciudad cuenta sólo con dos empresas de turismo y el acuerdo cooperativo entre ellas da como resultado un único precio para las excursiones, no modificable bajo sanción. Pero, esto no es Europa, aquí nada está nunca completamente definido. En este caso, también fue una de las ocasiones en que conseguimos un precio más barato para la única excursión guiada  que haríamos a las ruinas Kuelap.

 

En Perú, ni la más bonita y organizada ciudad puede evitar negociar cualquier servicio. Decidíamos dedicarnos un día para disfrutar el pequeño centro de la ciudad.

 

Chachapoyas nos regalaba paisajes inigualables, sensaciones únicas y conexión con la naturaleza que la rodea. Fue para nosotros uno de los lugares con más encanto de Perú y al que sin duda volveremos algún día. Chachapoyas lo tiene todo. Es tranquilo y se respira buen ambiente, se pueden hacer excursiones por sus bosques prácticamente vírgenes y tiene unas ruinas que muchos se quedaran sorprendidos al descubrirlas.




Catarata Gocta – Un sueño de la naturaleza

 

Ya con ganas de descubrir el mágico entorno que nos transmitía la zona, decidimos visitar oficialmente catalogada como la quinta catarata más alta del mundo por su segunda caída de 540 metros, Gocta (conocida localmente como La Chorrera). En esta ocasión considerábamos innecesario un guía y nos aventurarnos por nuestra cuenta. Teníamos una hora de camino desde Chachapoyas hasta el cruce donde empezaba el camino de tierra que llevaba al poblado de San Pablo. 

 

Lo más fácil para llegar es agarrar una combi desde la terminal de bus de Chachapoyas.

 

Allí comenzaba un ascenso de 6’5 km que no haríamos caminando. La ilusión con que habíamos empezado a proyectar la aventura daba sus primeros frutos; desde el mismo cruce y sólo después de 5 minutos de espera, un jeep “pickup” se detenía para cargarnos hasta el pueblo. Allí comenzaba la caminata, no sin antes tener que pagar una entrada de 10 soles que perfectamente puede ser evitada si desde la oficina de turismo del pueblo no perciben tu presencia. La catarata tiene dos caídas y nuestra excursión, desde San Pablo, comenzaba por la primera, la más elevada; así, el recorrido terminaba con la segunda caída de agua, la más larga, con salida por el poblado de Cocachimba. En total 15 kilómetros.

 

Esta es una ruta que se puede hacer perfectamente sin guía. La ruta es circular y se puede hacer en la dos direcciones. Pero cuidado, si empiezas por Cocachimba, viendo la caída de agua más larga primero, la subida puede ser agotadora. En cambio, empezando desde San Pablo, todo se hace mucho más llevadero. La caminata se hace con unas 6 horas, parando para contemplar sin prisa cada una de las cataratas y es importante llevar agua y comida.

 

El primer tramo del recorrido, de San Pablo hasta la primera caída, está formado por un camino único de tierra y piedras que bordea una montaña desde la que la vista nos ofrece preciosos paisajes y desde donde se disfruta de la impresionante panorámica del otro lado del valle y sus 22 cataratas que descienden. A medida que el camino avanza, la vegetación se hace más espesa y se percibe una humedad más pronunciada. Ya cerca de la primera caída, la fuerza del agua que impacta al caer 231 metros, despierta la fuerza descomunal, en ocasiones silenciada, de la madre naturaleza.

 

Entre árboles que superan los 10 metros de altura, y después de dos horas de caminata, el camino se bifurca para dar paso al pequeño sendero que conduce al primer salto de agua; con no más de media hora, se presenta la imponente caída donde, hasta el punto de casi sentirte propiamente en su interior, el agua regala un espectáculo de sonido, vapor y vida. Una viva paz invadió nuestra presencia; se paralizaron por completo nuestros pensamientos y únicamente pudimos sentir como el agua que caía era también parte de nosotros y nosotros, al mismo tiempo, de ella. Todo aparecía sencillo pero majestuoso, se integraba perfectamente y las palabras perdieron todo su sentido.

 

Chachapoyas

 

El camino esta bien indicado por lo que no hay forma de perderse. Desde el primer salto de agua, retrocedimos hasta la bifurcación del camino; Cerca de allí, un pequeño mirador de piedra nos mostraba la imponente imagen de las dos caídas, desde una perspectiva más alejada. Siguiendo las indicaciones hasta la segunda caída, un pronunciado descenso a través de un estrecho y espeso camino casi cubierto de vegetación, nos llevó hasta el fondo del valle; cruzando el río, se enlaza al camino general que conduce al segundo y más alto salto de agua.

 

En unos 30 minutos de caminata cuesta abajo, se presenta de repente la impresionante catarata; nos dejó inmóviles durante un rato, tiempo para asimilar la magnitud y dibujar con la mirada su largo perfil vertical. Desde sus pies, nos fascinó la magia que desprende el agua al caer; se transforma en vapor y recobra el estado líquido mientras cae; se fusionan las diferentes concentraciones, perfectamente simétricas y enlazadas para formar un espectáculo de perspectivas en movimiento.

 

De regreso, seguimos el camino principal desde el segundo salto. Dos horas y media entre plano y ascenso lo separan del poblado de Cocachimba. La carretera que sale del poblado, conduce apenas unos 100 metros antes del cruce de San Pablo, en la carretera general. Desde allí, haciendo dedo volvíamos a Chachapoyas, cansados pero llenos de energía al mismo tiempo, asimilando una de las hasta entonces más intensas experiencias visuales que la Pachamama nos había enseñado. Gracias por ser todo.

 

Las ruinas de Kuelap, la civilización perdida

 

Chachapoyas

 

Kuelap, las ruinas de una de las ciudades perdidas más interesantes del Perú y con aún mucho por descubrir fue nuestra siguiente parada. Desde la ciudad de Chachapoyas se ofrecen visitas guiadas con transporte incluido.

 

Precio de la visita guiada: 50 soles / persona.

 

Alternativa: Bus hasta Nuevo Tingo (35 soles). Caminata en ascenso muy pronunciado de 11 kilómetros hasta la fortaleza de Kuelap.

 

Los Chachapoyas, constructores de la Fortaleza Kuelap a 3000 metros de altura, habitaron un territorio de casi 300 km de longitud durante el período 800-1470 d.C. Es considerada la máxima expresión de la civilización andino amazónica del Perú. Sus habitantes lograron vivir en armonía con su entorno natural, abrupto y de difícil acceso y desarrollar un sistema de organización social y administrativa avanzados para la época.

 

Además, dejaron grandes pruebas de la capacidad que poseían en ingeniería, escultura y tejidos. El sistema de agricultura desarrollado les permitió convertirse en una sociedad sostenible y organizada. Aunque con ciertas dificultades por la organización y grandes construcciones de los Chachapoyas, los Incas invadieron sus tierras y conquistaron su cultura. De ello se deriva el sistema de terrazas con drenaje de agua. Sin embargo, pocos años después, el dominio de los Incas sobre los Chachapoyas finalizó con la llegada de los españoles y su victoria sobre ellos.

 

Destaca, en admirar las construcciones y pinturas de la cultura Chachapoyas, la elevada espiritualidad que representaba su vida cotidiana. El culto a los muertos era una de las actividades más misteriosas; enterrados en edificios circulares construidos en acantilados inaccesibles de las montañas de la zona y con pinturas antropomorfas, indescifrables hasta la actualidad.

 

En esta primera inmersión en el descubrimiento de las culturas antiguas del Perú, nos dejaba el principio, un regusto amargo respecto las respuestas que el guía nos daba ante nuestras dudas sobre las afirmaciones generales que se otorgaban a diferentes aspectos de la cultura Chachapoyas. En este momento, nos dimos cuenta de la poca investigación llevada a cabo, y del misticismo y conocimiento aún por descubrir y entender, que esta cultura habría dejado.

 

Nos sorprendía, la simplicidad en que se exponían las teorías respecto el porqué de las construcciones circulares, la representación de cenefas esculpidas en ellas y el significado de un complejo e interesante sistema de contabilidad y escritura, los Kipus. se otorga la invención de este sistema a los Incas, pero ciertamente, culturas preincaicas como los Chachapoyas ya lo utilizaban. Esto nos demuestra una vez más la modificación de la verdad en las teorías que nos cuentan por ahí.

 

Chachapoyas
Construcciones circulares del imperio Chachapoyas

 

La energía del entorno, las construcciones de la fortaleza y sus condiciones transmiten un conocimiento imponente, aún desconocido y desgraciadamente, generalmente ignorado por los propios habitantes actuales de la zona. Nos despierta la curiosidad la forma y los lugares donde construir, así como la organización y perfección de cada detalle, actualmente considerado innecesario. En este sentido, sentíamos la necesidad para descubrir algo más y no nos conformábamos con las sencillas conclusiones que generalmente se dan al público. Así, sólo profundizando en nuestra propia imaginación, podíamos intuir o percibir el conocimiento energético elevado del que los Chachapoyas hacían uso en su día a día.

 

En el momento en que visitamos Chachapoyas se llevaba a cabo la construcción de un teleférico que en la actualidad transporta a los turistas hasta el complejo arquitectónico de Kuelap; una inversión proyectada en 22 millones de dólares que demuestra la desconexión y la pérdida de conocimiento en que ha derivado la cultura peruana actual, respecto sus civilizaciones predecesoras. Este es un hecho que nos decepcionó por la sobre posición de intereses en la economía turística en relación al descubrimiento del propio patrimonio. A pesar de las decisiones políticas locales, Chachapoyas es personalmente un territorio muy interesante para descubrir, vivir y experimentar.

 

Seguro que algún día volveremos, pero con el teleférico construido, imaginamos que el camino de tierra entre montañas que nos llenó de magia hasta llegar a Kuelap, habrá quedado en desuso; un pena.

 

Chachapoyas

 

No podemos dejar de dar a conocer, “El Emoliente”, una bebida natural y energética preparada de forma artesanal en establecimientos llamados “emolienterias” y hecho a base de diferentes ingredientes naturales como “cola de caballo, alfalfa, boldo, una de gato, aloe, sábila, polen, miel, agua de papa, chia y bonita “, entre otros, con la cebada como ingrediente principal. Fue nuestra bebida medicinal y natural durante los días en Chachapoyas.

 

Chachapoyas

 

Justo en una de las calles paralelas a la plaza de Armas esta la pequeña emolienteria de este chico. Todos los días prepara las bebidas naturales más ricas de la ciudad.

 

¡No te pierdas como lo hace!

 

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Chachapoyas

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