La isla del Sol, tierra sagrada del Lago Titicaca

La Isla del Sol

 

La Isla del Sol se encuentra situada en la parte sur del gran Lago Titicaca, en la parte boliviana. Muchos de viajeros que hasta entonces nos habíamos cruzado, nos habían contado con ferviente entusiasmo la belleza que la Isla del Sol expresa en todos los sentidos. Los paisajes infinitos y su calma nos atraían desde la primera vez que en oímos hablar.




Nunca nos podemos hacer realmente una idea cercana de lo que realmente nos dará un lugar concreto hasta que lo vivimos; y es que, toda la belleza compartida se convierte en presenciarla, en un espiral de sensaciones que únicamente pueden experimentarse en contacto con ella y terminan siendo un mar infinito de ideas y opiniones; tantas como almas pueden disfrutar.

 

La isla del Sol y sus mejores rincones

 

La Isla del Sol

 

La Isla del Sol es sagrada y tierra de tradiciones ancestrales. Por ser la isla más grande del Lago Titicaca (puma de piedra), recibía antiguamente este mismo nombre. Abarca 14 km² y convive con tres comunidades autóctonas de origen Quechua y Aimara. Al sur de la isla, la comunidad Yumari; en la costa central del este, la comunidad Challa y en el extremo norte, Challapampa. Considerada una de las tierras más sagradas por los Incas, es punto de cruce entre chamanes, arqueólogos y turistas.

 

La Isla del Sol era habitada en época de los Incas, únicamente para Amautas (sacerdotes Incas), y prohibida por los no iniciados en las visiones espirituales y los rituales ancestrales que se practicaban. Según los Incas, la isla dio lugar a la creación y es de donde surgió la luz y se levantaron la luna y el sol. Según dicen, la isla contiene multitud de túneles que supuestamente conectan con Coricancha, en Cusco y darían acceso a las ciudades perdidas de los Incas. La Isla del Sol respira entre un misticismo que despierta sensaciones diversas. Los pescadores de la zona más viejos creen que el centro del lago, los barcos son succionados a las profundidades y son pocos los que se atreven a llegar.

 

La Isla del Sol

 

En la isla viven unas 2.000 personas autóctonas, principalmente de la pesca, la agricultura, sus pequeños rebaños de ovejas y cabras y de las tasas que hacen pagar a los turistas para el acceso a cada zona y la venta de productos artesanos. Con un gran legado histórico, estas tierras fueron habitadas por el Imperio Tiwanaku (1500-1200 d.C.) que conquistó todo el altiplano boliviano, y llegó a ciertas zonas de Chile y Perú.

 

Según ellos, en la isla se encuentra la energía que creó el mundo y toda forma de vida. Por eso es desde que las primeras culturas la habitaron, tierra sagrada y lugar de rituales espirituales. Entre los muchos rituales que se han practicado, los Incas celebraban cada 21 de junio (solsticio de verano) el ofrecimiento a la Pachamama de una niña virgen, escogida y sacrificada por su belleza, y que entregaban a la tierra como símbolo de pureza, gratitud y buena suerte.

 

La Isla del Sol

Cómo llegar a la Isla del Sol

 

Para llegar a la isla, lo más sencillo es hacerlo desde Copacabana. Desde el puerto de la ciudad, en la playa del lago, hay varios barcos que ofrecen el trayecto. Justo al borde del lago, dos casetas de madera llaman la atención con sus carteles anunciando las salidas a la isla. El primer trayecto es a las 8.00h y el segundo a la 13.00h. el precio es de 20 Bolivianos y se puede comprar el billete directamente en estos pequeños puntos de venta del puerto, con 10 minutos de margen antes de la salida. Todas las barcas que salen hacen una primera parada en la parte sur de la isla, Yumani (1,5 horas de viaje) y terminan en el puerto de la parte norte, Challapampa (30 min más).

 

 

Los horarios de vuelta a Copacabana son similares. Desde el puerto de Challapampa a las 8 am, a las 10.00h y la 13.30h. Desde el puerto de Yumani a las 08.30h, a las 10.30h, a las 15.00h y las 16.00h. Aún así hay que verificar los horarios antes de salir de Copacabana. En este post detallaremos nuestra estancia en la zona norte de la isla. Según nos contaron, la zona sur de Yumani atrae a muchos más turistas y estar más explotada.

 

La Isla del Sol

Comunidad Challapampa (Norte)

 

Al llegar al puerto de Challapampa, aunque desde el agua, veíamos acercarse una tierra tranquila rodeada por un paisaje increíblemente virgen. Unas pocas casas se agrupaban en la playa grande de la zona y creaban un pequeño núcleo donde convivían algunas familias que esperaban turistas para ganar algún tener que extra con la venta de comida. Un par de pequeños restaurantes caseros hacían de la zona una perfecta sinfonía de calma, placer y soledad.

 

Todos los visitantes descendíamos de la barca que nos había llevado y recorríamos el pequeño andamio de madera que nos acercaba a tierra firme. Allí se creaba una multitud momentánea por el cruce entre los que llegábamos y los que marchaban de la isla. En este momento, nos dimos cuenta de la presencia de guías locales que intentaban convencer a la gente de la necesidad de ser acompañados por ellos para acceder a la isla, cobrando así una generosa propina y buscando especialmente los turistas más típicos y despistados. Hay que decir que no es necesario ni mucho menos acceder a la isla con guía.

 

La Isla del Sol

 

Como habíamos hablado en la Isla Amantaní en Perú, en la Isla del Sol tampoco hay vehículos motorizados. Afortunadamente, la única forma de recorrerla es a pie y así, nos permite disfrutar de la magia del silencio en medio de un entorno inigualable. En el mismo pueblo de Challapampa está el Museo del Oro, poco valorado por la mayoría de viajeros y que evitamos para dirigirnos directamente al centro arqueológico y de ceremonias. Cerca de la comunidad Challapampa, en dirección norte, está la ruta que durante unos 30 minutos nos lleva a las ruinas de Chinkana.

 

Al salir del pueblo, un estrecho nos transportaba de una playa a otra. De alguna manera, hubiéramos podido pensar que estábamos ante una de las playas mediterráneas, tranquila y de azul transparente, pero la temperatura gélida al caminar por el agua, nos recordaba que el Lago Titicaca está a 3.812 m.s.n.m. Cruzando la playa, un pequeño camino trepaba por la costa hasta detenerse ante una puerta de hierro donde un anciano y dos niños nos hacían pagar una entrada para visitar la zona. En la Isla del Sol, las tres comunidades cobran por acceder a sus tierras.

 

  • Comunidad Challapampa (Norte) 10 Bolivianos.
  • Comunidad de la costa central del este 15 Bolivianos.
  • Comunidad Yumani (Sur) 5 Bolivianos.

 

La Isla del Sol

 

Siguiendo el camino, dejábamos atrás las casas y entrábamos de lleno en un escenario de luces y colores naturales que creaban belleza en todos los sentidos. Caminando hasta las ruinas, ascendíamos algunos cerros que nos daban unas panorámicas de ensueño donde el azul puro del Lago permitía que el reflejo del sol iluminara suavemente las áridas tierras de la isla. En instantes de calma, brotaba la mágica energía que despierta una inmensa felicidad al experimentar la verdad con la conexión de uno mismo, la tierra y el universo. Seguíamos caminando hasta toparnos con las primeras manifestaciones humanas; la Roca Sagrada y la Mesa Ritual se encuentran en una pequeña meseta del extremo norte.

 

La Isla del Sol

 

Según las leyendas descritas por los Incas, la Roca Sagrada, llamada también Roca de los Orígenes, contiene la grieta a través de la cual los reyes (Dioses) Incas surgieron. La Mesa sagrada era según ellos, punto de reunión y ceremonias, entre las que destacaba el sacrificio de niñas vírgenes y animales para rendir homenaje al sol. Unos paso más adelante, encontrábamos las ruinas de Chinkana, según las fuentes de origen Inca y donde se cree que vivían los sacerdotes que llevaban a cabo las ceremonias espirituales.

 

El hecho de pertenecer al Imperio Inca no está suficientemente fundamentado para saber a ciencia cierta si las construcciones fueron creadas para ellos o si formaban parte de otras culturas anteriores. Así, al igual que en muchos otros casos, persiste la duda de confiar en las fuentes oficiales y el misterio sobre el conocimiento transmitido por las sociedades que algún día habitaron estas tierras.

 

La Isla del Sol

 

Se habla también de la existencia de una ciudad sumergida en las aguas del Lago. Desde la Isla del Sol, se aprecian unas pequeñas islas donde se habrían encontrado restos arqueológicos de una ciudad. Se cree que, en todo el fondo del lago, se encuentran diferentes ciudades escondidas por el agua que se formó en el deshielo de un gran glaciar hace miles de años.

 

Desde la zona norte de la isla, es posible enlazar una ruta que la une con el sur. Durante 10 kilómetros, el camino cruza la isla por el centro y el punto más alto (4.006 m.s.n.m.). La ruta es conocida por los locales como la “Ruta Sagrada de la Eternidad del Sol” (Willa Thak) y permite visualizar todo el perímetro de la isla y la gran manta de agua que se extiende por más de 150 kilómetros.

 

La Isla del Sol

Dónde alojarse en la Isla del Sol (Challapampa Norte)

 

El alojamiento en la parte norte de la Isla de Sol es limitado y rústico. A lo largo de la playa donde está el puerto para las embarcaciones, hay varios hostales, casi todos en el camino principal de tierra que comunica el pueblo. Todos ellos hacen pagar un precio relativamente elevado respecto la ciudades en cuanto el servicio y las instalaciones y es evidente, que aprovechan la situación geográfica y el atractivo paisajístico de la zona para hincharlos.

 

La Isla del Sol

 

Pero casi siempre, e incluso en los lugares más remotos, existe una o varias alternativas más económicas que la mayoría. En el extremo derecho de la playa, subido al principio de una colina, las casetas de Don Alfonso o también llamado refugio de Wiracocha, ofrece pequeñas cabañas donde dormir en un entorno totalmente natural y en un buen precio (25 Bolivianos). Las pequeñas construcciones son fácilmente visibles por su color anaranjado, con unas vistas espectaculares del contorno que crea la costa de Challapampa.

 

La Isla del Sol

 

Además, está permitido acampar en la playa donde no hay el puerto. Aunque no deja de ser una experiencia fantástica, las frías temperaturas durante la noche hacen pensar dos veces dormir con tienda y la existencia de las cabañas de Don Alfonso lo ponen fácil a la hora de decidir.


Más allá de eso, nuestra estancia en la isla reinaba por su calma y la serenidad que nos conducía a introspecciones personales. Al caer el sol, la energía nos impregnaba de luz y respirábamos juntos la armonía que esos instantes nos regalaban.

 

 

Esperamos que la Isla del sol te enamore tanto o más que a nosotros

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